Globalización e individualismo
La redistribución del talento mundial

Escribe Modesto Montoya

Una de las consecuencias de la globalización es la redistribución del talento en favor de los países que aplican estrategias adecuadas de atracción de cerebros. Este cuadro es agravado por la agudización del individualismo, la compulsiva búsqueda de la competitividad y el notorio debilitamiento de las raíces culturales en la juventud.

Siempre se ha dicho que las empresas multinacionales no tienen patria, que éstas van ahí donde maximicen sus ganancias, no importa si se hace a costa del empleo en sus países de origen. Con los ciudadanos, hace algún tiempo, era algo diferente: había cierta preferencia por vivir en los países de sus padres. Era…, por que hoy se están borrando las raíces culturales y se enarbola banderas globalizadoras. Es más, muchos proyectan la peor imagen de sus propios países y de sus conciudadanos.

Los jóvenes se forman para ser ciudadanos del mundo. Ellos buscan estudiar en las mejores universidades del globo, dominar tres o cuatro idiomas, para luego participar en las grandes empresas multinacionales y, porqué no, crear alguna empresa apuntando a convertirla en multinacional.

Así es como surge otro tipo de "selección natural". Los hombres primitivos buscaban el mejor lugar para vivir, pensando en el clima y los productos naturales, llegando paulatinamente a formarse los países con la gente que más se adaptaron a sus medios naturales. Hoy en día, los jóvenes se van a los países que les ofrecen mejores oportunidades. Si esto sigue así, se llegará al despoblamiento de los países por parte de su gente más exitosa. Más aún, dado que el talento parece tener bases genéticas y hereditarias, con el tiempo, la población de la tierra terminará dividida en función de esa característica.

En el mundo altamente competitivo hay una gran movilidad laboral. Los jóvenes más hábiles no piensan en quedarse en un lugar para toda la vida; para ellos, cada empresa es un peldaño, una oportunidad para poner a prueba sus competencias y probar suerte en una empresa mejor o en un país que le ofrezca mejores condiciones de vida. Por ello, como hacían antes las empresas, hoy, los países tratan de ofrecer las mejores condiciones posibles para retener o atraer talentos, los que constituirán el sustento de cualquier política de desarrollo.

El mercado globalizado de talentos no permite que alguien se duerma en sus laureles. Para conseguir mejor lugar en el patio soleado de la globalización hay que demostrar no sólo que se tienen los mejores diplomas ni haber desempeñado los mejores roles, sino cuál ha sido su productividad. ¿Vienes de la mejor universidad?, pues bien, ¿cuál ha sido tu rendimiento? ¿Haz sido gerente?, entonces, ¿cómo ha sido el crecimiento de tu empresa? Camarón que se duerme lo lleva la corriente.

Los más capaces no piensan en sindicato. Si tu empresa no te parece bien, te vas; y, si es posible, creas una empresa más competitiva. Grandes imperios han sido fundados por gente que abandonó su empleo para probar suerte como empresarios.

Lo mismo ocurre en relación con los países: los jóvenes toman a cada país como oportunidad para llegar al mejor, según sean sus valores. Si no consiguen un lugar en el que más les gusta, buscan un intermediario que les ofrezca herramientas para demostrar sus competencias y postular a una posición en el país soñado.

Claro que existen excepciones, aquellas personas que tienen valores compatibles con su país y que contribuyen desde su perspectiva con elevar el nivel de bienestar de sus conciudadanos. Ellos inventan frases como "en el Perú se sufre mejor", "acá no se gana pero se goza" "nada reemplaza un cebiche". Entre los científicos brasileros hay una frase para los que regresan: "o no son los mejores o están locos".

Al Perú le toca crear un ambiente atractivo para los peruanos de elite, aquellos que han demostrado creatividad, productividad, eficiencia, dedicación al trabajo y amor al país. Y eso es una responsabilidad de todos los peruanos. La elite es aquella que pudiendo vivir mejor en cualquier parte del mundo regresa para levantar un nuevo país.

En ese marco, cabe recordar que los maestros tienen la responsabilidad de la formación de una juventud talentosa, competitiva y, al mismo tiempo, con amor por el país. Sin embargo, las bases para esa formación se construyen en la familia y en los medios masivos de comunicación.

Lima, 7 de julio 2004

Informes y sugerencias: Miguel A. Risco