Potencial humano en ciencia y tecnología
Entre la Universidad y los institutos de investigación

Escribe Modesto Montoya

Uno de los principales problemas de la investigación científica y tecnológica es que quedan pocos investigadores en el país y, de éstos, casi todos se dedican a tareas lejanas de los temas para los cuales se han preparado. Esta situación se debe a las dificultades económicas por las que atraviesan la universidades y las empresas privadas, las que por lo demás no comprenden su importancia. En esta nota se muestra que los institutos sectoriales ofrecen un camino para el despegue de la ciencia y tecnología nacionales.
En las universidades estatales, casi todos los científicos e ingenieros con grados de doctor obtenidos en el extranjero sólo se dedican a dictar cursos teóricos, abandonando la investigación, debido a que, por sus bajas remuneraciones (mil soles en promedio), tienen uno o dos trabajos adicionales. En las universidades privadas se da prioridad al dictado de cursos, actividad que constituye su principal fuente de ingresos. Las pocas excepciones son los investigadores que logran subvención de alguna empresa privada o institución extranjera, interesadas en determinados tipos de investigación.
Para que los investigadores trabajen en temas para lo que han sido preparados, deben recibir por ello remuneraciones razonables. El asunto no es tan fácil de resolver, porque, en las universidades estatales, cada profesor tiene un nivel remunerativo independiente de que investigue o sólo dicte cursos. Esto significa que si se aumenta la remuneración a un profesor que hace investigación, debe darse un aumento general a todos los profesores, lo que lleva a un monto que no convence al Ministerio de Economía y Finanzas.
Hace una década se propuso un proyecto de Ley de la carrera del investigador, según la cual los investigadores habrían recibido un ingreso de acuerdo a su nivel académico y a su productividad, independientemente de su lugar de trabajo. Ese proyecto fue archivado porque no respondía a las nuevas tesis económicas y, por otro lado, no correspondía a una definición de áreas de investigación prioritarias para el país.
La creación de los institutos sectoriales de investigación fue para impulsar la investigación aplicada en función de prioridades sectoriales. Los científicos e ingenieros de los institutos, en principio, se dedican a investigar o brindar servicios tecnológicos en beneficio de los sectores a los que están adscritos. Como las cosas nunca son fáciles, los institutos tampoco ofrecían remuneraciones decorosas, como consecuencia de lo cual se produjo el conocido éxodo, diezmando el potencial científico y tecnológico que se había formado con tanto esfuerzo.
Actualmente, los institutos ofrecen remuneraciones significativamente mejores que en el pasado. En esas circunstancias, una de las formas de potenciar la ciencia y la tecnología es abriendo plazas de investigadores en los institutos. Los investigadores que ganen las plazas pueden seguir enseñando en la universidad y realizar investigación en los institutos. Esto permite también que sus alumnos tengan acceso a los laboratorios del instituto, dándoles oportunidad para una buena formación teórico práctica.
El esfuerzo del Estado en la potenciación de la ciencia y la tecnología tiene que darse en concordancia con una demanda real por parte de la Sociedad. La primera demanda es cultural, se refiere a las ciencias básicas, la que incrementa el conocimiento científico y tecnológico de la humanidad, y abre oportunidades para las aplicaciones tecnológicas. La segunda demanda viene de las empresas o instituciones que quieren mejorar los bienes y servicios que ofrecen al mercado o a la Sociedad.
Los institutos tienen definidas sus áreas prioritarias, para cuyo desarrollo necesitan recuperar sus masas críticas de científicos e ingenieros. Esto es posible con la apertura de plazas de investigadores, las que incluso pueden ser atractivas para los profesionales que se encuentran en el extranjero.
En suma, los institutos pueden ser muy útiles para impulsar el desarrollo científico y tecnológico en nuestro país. Para ello se está estableciendo puentes con la Sociedad y la Empresa, y se está coordinando esfuerzos para optimizar el uso de los recursos en infraestructura y en potencial humano en áreas beneficiosas para el país. Cabe añadir que esta propuesta fortalece también el rol de la universidad, como fuente de una juventud ávida de investigar las fronteras del conocimiento.

Lima, 10 de octubre 2003

Informes y sugerencias: Miguel A. Risco